lunes, 24 de abril de 2017

Historias con Talento: Anna Marinova

En los tiempos actuales en los que la fórmula infalible del éxito se ha convertido en una apremiante búsqueda del elixir de la eterna juventud, es bueno recordar las palabras de Jacinto Benavente cuando decía “que muchos creen que tener talento es una suerte, pero que la suerte la da el talento”. En ocasiones la fortuna del talento no tarda toda una vida en mostrarse, incluso alcanza reconocimientos con cierta premura. Es el caso bien conocido de Mozart pero también de otros muchos talentos en el deporte, las ciencias y las artes. Valgan como ejemplos de ello el futbolista Messi, el conductor de fórmula 1 Fernando Alonso, el físico Niels Bohr, el matemático Ramanujan, la bailarina Tamara Rojo o la pintora Anna Marinova.

Anna Marinova es una joven pintora figurativa rusa cuya obra se encuentra en colecciones privadas alrededor del mundo y sus cuadros causan gran expectación en prestigiosas casas de subastas. Nacida en 1983 en San Petersburgo, inició sus estudios de arte a la edad de 6 años y a los 14 años ganó su primer premio como ilustradora; continuó su formación como pintora en la escuela de arte Roerich de su ciudad natal y posteriormente en la Facultad de Pintura de la IZHSA Repin, la Academia Rusa de las Artes, donde se graduó en 2010. Para entonces ya había sido reconocida con una medalla por la Academia estatal y algunos de sus cuadros estaban incluidos en los catálogos de las casas de subastas Christie´s y Lots Roads. Pudiera parecer que su talento era la resultante de una excelente formación académica pero esto no es más que un espejismo. Siguiendo al pintor Oleg Tselkov “ser artista no se aprende, no hay profesores que lo enseñen. No es posible hacer nada para ser un artista, con esto hay que nacer”. Los estudios y el entrenamiento pueden ampliar nuestro conocimiento y dotarnos de nuevas habilidades y destrezas pero no sustituyen al talento.

De la misma forma que Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo, debe el haber conseguido sus records mundiales (el primero a la edad de 21 años) a su singular constitución biológica (el entrenamiento solo le permite estar en condiciones óptimas para desplegar su poderoso talento); Anna Marinova tiene en su don artístico su habilidad original de expresión: la pintura; y dentro de ésta el realismo figurativo a partir de pinturas al óleo. Esta es su forma de expresión natural, esa  que le caracteriza de una forma natural, la distingue de otros pintores y se proyecta en su obra. Esta habilidad innata es su forma preferente y dominante de expresión personal, es la técnica maestra de su talento íntimo. Capacidad que complementó con la adquisición de otros conocimientos, técnicas y habilidades durante su etapa académica, reforzando así sus recursos naturales para la realización de sus obras. Cuando se contempla la obra de Anna Marinova uno percibe su autenticidad y es que “el talento es el punto de partida” como bien expresara el conocido compositor Irving Berlin (norteamericano nacido en Rusia con el nombre de Isidoro Balline) quien nunca estudió música. Este atributo diferencial que es el Don, es el punto de inicio en el desarrollo del individuo que los sistemas educativos estandarizados (basados en la obvia falacia de todos somos iguales) no ponen en práctica y conlleva el desaprovechamiento de las capacidades humanas de la sociedad además de la frustración y desmotivación de la persona. Gracias a Dios siempre hay padres que apoyan la tendencia natural expresiva del niño como en los ya nombrados de Fernando Alonso, Tamara Rojo o Anna Marinova.

Anna Marinova disfrutó de sus años de formación en la Academia pero en su último curso comenzó a inquietarse sobre el incierto futuro que le aguardaba como artista independiente. No en vano es difícil vivir del arte en una sociedad cada vez más miope incapaz de apreciar el valor de desarrollo de la cultura y que degrada la utilidad de su potencial. La joven Anna había descubierto que era un pincel pero desconocía que es lo que debía pintar con él. En otras palabras conocía cuál era su talento pero no tenía claro cómo enfocarlo, cual debía ser el tema de su obra. La vida le dio la oportunidad de reconocer cual era el servicio que debía prestar el pincel que era: la belleza humana. Lo supo cuando sus amigos se ofrecieron a servirla como modelos, ahí se dio cuenta que la figura humana era el tema que más le interesaba pintar y que el estudio de los movimientos del cuerpo, sus gestos y anatomía la había absorbido durante su estancia en la Academia. El talento de Anna Marinova había encontrado su espacio en la creación, su razón de ser. ¿Cuál era el sentido de pintar figuras humanas?


Como explica Anna el mensaje de sus lienzos es muy simple: admirar la belleza del mundo. Sus cuadros son un intento de retener la belleza de la juventud, especialmente la femenina y de la rusa actual en particular. De esa belleza de las jóvenes rusas que son herederas de los avatares de los tiempos soviéticos de la posguerra que sin hombres convirtieron a las mujeres en seres valientes que levantaron un país y al mismo tiempo viven suspirando por el ideal romántico de un hombre. Ella después de todo es una joven rusa que se expresa a si misma a través de su talento. Como bien dice Anna el arte es la vía para conocerse a sí misma y al mundo que le rodea, permitiéndole expresar una idea, una emoción y sobre todo su mundo a través de luces, colores, formas; sin palabras.


Sin palabras, a través de luces y símbolos Arqueología del Talento© permite a las personas identificar su don y su razón de ser, de reconocer ese patrón maestro de capacidad que expresa lo mejor de cada uno de nosotros y que obedece a una intención en la creación. Arqueología del Talento© es una oportunidad de encontrarnos con la fortuna que somos. Infórmate de nuestros seminarios intensivos en nuestra página web.

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