lunes, 22 de mayo de 2017

Historias del Talento: Irving Berlin

El talento puede considerarse como la organización innata, especial y única del potencial humano en cada individuo. Hay un diseño original que nos permite vivir de partida desempeñando aquellas funciones específicas para las que estamos mejor capacitados por la naturaleza; esa aptitud natural se manifiesta en nuestros primeros pasos en la vida y cuando no queremos ser otro o el otro. Por ello no imitando el proceder de otros y dejándonos ser el que somos, el talento personal se muestra con naturalidad, se expresa con espontaneidad en nuestro quehacer. La siguiente historia del prolífico compositor Irving Berlin es un buen ejemplo de como el talento aflora si nos permitimos ser aquel que somos.

Israel Isidore Baline (1888, Tiumen, Rusia) fue hijo de una familia numerosa que abandonó su tierra natal como consecuencia de los progroms zaristas contra los judíos. A la edad de 5 años llegó a la Isla de Ellis (New York) puerta de entrada del gran aluvión de población emigrante a Estados Unidos en aquellos dias. La familia se instaló en el gueto de Lower Easter Side de Gotham, el espacio más pobre y sucio no solo de New York, sino de todo el continente según la prensa de entonces. En este ambiente adverso el niño Baline ayudaba a la economía familiar vendiendo periódicos en la calle y realizando otros trabajos similares. 

Un trágico suceso le puso frente al valor de la vida, el esfuerzo y del dinero. La muerte de su hermano aplastado por una carga mientras ayudaba a descargar un carguero en el puerto neoyorkino para ganarse unos centavos fue un revelador aprendizaje para el joven Baline: “una vida vale mas que unos pocos centavos”. Tras aquel trágico accidente y teniendo 15 años se marchó de casa dispuesto a ganar dinero de una forma más fácil. Sin formación musical (nunca aprendió a leer y escribir música más allá de un nivel elemental, fue pianista autodidacta, y solo tuvo dos años de educación formal en su vida) comenzó a cantar en las calles, primero como un mendigo y después en algunos cafés y restaurantes populares de la célebre calle Bowery cuna del Music Hall. Trabajando como camarero cantante en el Pelham Café puso letra a una composición del pianista del local que se haría muy famosa (Marie of Sunny Italy) cantada por el propio Israel y que le reportaría sus primeras ganancias como compositor. Un error de imprenta al registrar la canción le dio el nombre Irving Berlin, nombre por el que sería conocido el resto de su vida.


Irving Berlin siguiendo la luz de su don había encontrado su lugar en el mundo. Y en él expresaba la vida a través de sus hermosas composiciones: más de 3000 canciones, 19 musicales y 18 bandas sonoras de películas. La cantidad no estaba reñida con la calidad. A juicio de George Gershwin fue el “mejor compositor de canciones que nunca existió”. “Mientras otros hacían salchichas, Irving hacia belleza” expresaría Frank Sinatra y esta prolífica carrera como compositor de bellas obras, le reportaría cuantiosas ganancias. Pero Irving reconoció que “después de obtener todo lo que uno desea, uno se da cuenta que no lo necesita todo” y dedicó gran parte de su fortuna a la labor filantrópica, apoyando a organizaciones benéficas y otras acciones que consideró merecían la pena como eliminar los conflictos sociales y religiosos entre cristianos y judíos (Su primera mujer murió de neumonía contraída en el viaje de luna de miel y en segunda nupcias contrajo matrimonio con una católica-irlandesa, cuyo padre la desheredó como oposición a las bodas entre contrayentes de diferente religión). El talento de Irving fue su medio de expresar la belleza de la vida, de crear riqueza, y su noble actitud de dedicar parte de su fortuna a hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir, la forma de apoyar el don de otros. 

El propio Irving Berlin, dejaría tres frases resumen de su aprendizaje para disfrutar el regalo de la vida:
  • “Todo el mundo debería tener un Lower East Side en su vida”. Esos momentos duros y difíciles que se nos presentan son necesarios para reconocer el valor de la vida.
  • “El Talento es el punto de partida”- Déjate ser para que aflore ese pilar sobre el cual construir tu vida.
  • “Luces de candilejas ...... ¡nada que hacer, ya lo sé!” - En el escenario de la vida, tu talento se muestra en libertad. Es el reconocimiento de tu don y no puedes ser otra cosa que la que eres.

Los reconocimientos del talento de Irving Berlin fueron numerosos. Entre ellos el Oscar que recibió en 1942 por el villancico "Blanca Navidad" que cantó Bing Crosby en la película “Holliday Inn”. Una canción de navidad para recordarnos nuestro nacimiento a la vida, para celebrar la promesa que somos y porta el Don que nos regalaron al nacer, ese capaz de colorear nuestros días y proyectar la alegría de vivir a los demás. 



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lunes, 24 de abril de 2017

Historias con Talento: Anna Marinova

En los tiempos actuales en los que la fórmula infalible del éxito se ha convertido en una apremiante búsqueda del elixir de la eterna juventud, es bueno recordar las palabras de Jacinto Benavente cuando decía “que muchos creen que tener talento es una suerte, pero que la suerte la da el talento”. En ocasiones la fortuna del talento no tarda toda una vida en mostrarse, incluso alcanza reconocimientos con cierta premura. Es el caso bien conocido de Mozart pero también de otros muchos talentos en el deporte, las ciencias y las artes. Valgan como ejemplos de ello el futbolista Messi, el conductor de fórmula 1 Fernando Alonso, el físico Niels Bohr, el matemático Ramanujan, la bailarina Tamara Rojo o la pintora Anna Marinova.

Anna Marinova es una joven pintora figurativa rusa cuya obra se encuentra en colecciones privadas alrededor del mundo y sus cuadros causan gran expectación en prestigiosas casas de subastas. Nacida en 1983 en San Petersburgo, inició sus estudios de arte a la edad de 6 años y a los 14 años ganó su primer premio como ilustradora; continuó su formación como pintora en la escuela de arte Roerich de su ciudad natal y posteriormente en la Facultad de Pintura de la IZHSA Repin, la Academia Rusa de las Artes, donde se graduó en 2010. Para entonces ya había sido reconocida con una medalla por la Academia estatal y algunos de sus cuadros estaban incluidos en los catálogos de las casas de subastas Christie´s y Lots Roads. Pudiera parecer que su talento era la resultante de una excelente formación académica pero esto no es más que un espejismo. Siguiendo al pintor Oleg Tselkov “ser artista no se aprende, no hay profesores que lo enseñen. No es posible hacer nada para ser un artista, con esto hay que nacer”. Los estudios y el entrenamiento pueden ampliar nuestro conocimiento y dotarnos de nuevas habilidades y destrezas pero no sustituyen al talento.

De la misma forma que Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo, debe el haber conseguido sus records mundiales (el primero a la edad de 21 años) a su singular constitución biológica (el entrenamiento solo le permite estar en condiciones óptimas para desplegar su poderoso talento); Anna Marinova tiene en su don artístico su habilidad original de expresión: la pintura; y dentro de ésta el realismo figurativo a partir de pinturas al óleo. Esta es su forma de expresión natural, esa  que le caracteriza de una forma natural, la distingue de otros pintores y se proyecta en su obra. Esta habilidad innata es su forma preferente y dominante de expresión personal, es la técnica maestra de su talento íntimo. Capacidad que complementó con la adquisición de otros conocimientos, técnicas y habilidades durante su etapa académica, reforzando así sus recursos naturales para la realización de sus obras. Cuando se contempla la obra de Anna Marinova uno percibe su autenticidad y es que “el talento es el punto de partida” como bien expresara el conocido compositor Irving Berlin (norteamericano nacido en Rusia con el nombre de Isidoro Balline) quien nunca estudió música. Este atributo diferencial que es el Don, es el punto de inicio en el desarrollo del individuo que los sistemas educativos estandarizados (basados en la obvia falacia de todos somos iguales) no ponen en práctica y conlleva el desaprovechamiento de las capacidades humanas de la sociedad además de la frustración y desmotivación de la persona. Gracias a Dios siempre hay padres que apoyan la tendencia natural expresiva del niño como en los ya nombrados de Fernando Alonso, Tamara Rojo o Anna Marinova.

Anna Marinova disfrutó de sus años de formación en la Academia pero en su último curso comenzó a inquietarse sobre el incierto futuro que le aguardaba como artista independiente. No en vano es difícil vivir del arte en una sociedad cada vez más miope incapaz de apreciar el valor de desarrollo de la cultura y que degrada la utilidad de su potencial. La joven Anna había descubierto que era un pincel pero desconocía que es lo que debía pintar con él. En otras palabras conocía cuál era su talento pero no tenía claro cómo enfocarlo, cual debía ser el tema de su obra. La vida le dio la oportunidad de reconocer cual era el servicio que debía prestar el pincel que era: la belleza humana. Lo supo cuando sus amigos se ofrecieron a servirla como modelos, ahí se dio cuenta que la figura humana era el tema que más le interesaba pintar y que el estudio de los movimientos del cuerpo, sus gestos y anatomía la había absorbido durante su estancia en la Academia. El talento de Anna Marinova había encontrado su espacio en la creación, su razón de ser. ¿Cuál era el sentido de pintar figuras humanas?


Como explica Anna el mensaje de sus lienzos es muy simple: admirar la belleza del mundo. Sus cuadros son un intento de retener la belleza de la juventud, especialmente la femenina y de la rusa actual en particular. De esa belleza de las jóvenes rusas que son herederas de los avatares de los tiempos soviéticos de la posguerra que sin hombres convirtieron a las mujeres en seres valientes que levantaron un país y al mismo tiempo viven suspirando por el ideal romántico de un hombre. Ella después de todo es una joven rusa que se expresa a si misma a través de su talento. Como bien dice Anna el arte es la vía para conocerse a sí misma y al mundo que le rodea, permitiéndole expresar una idea, una emoción y sobre todo su mundo a través de luces, colores, formas; sin palabras.


Sin palabras, a través de luces y símbolos Arqueología del Talento© permite a las personas identificar su don y su razón de ser, de reconocer ese patrón maestro de capacidad que expresa lo mejor de cada uno de nosotros y que obedece a una intención en la creación. Arqueología del Talento© es una oportunidad de encontrarnos con la fortuna que somos. Infórmate de nuestros seminarios intensivos en nuestra página web.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Historias con Talento: Paul Gauguin

Si bien el talento es un atributo innato que permite a la persona profesar su vocación, el darse cuenta de este elemento de identidad que condiciona la vida es una tarea resbaladiza. Ello se debe a que el talento forma parte de nuestra propia naturaleza, es lo normal para su portador pero es el rasgo diferencial frente a los demás. No nos damos cuenta de quienes somos, del tesoro que portamos y sin embargo en nuestro camino brota como una flor silvestre de primavera en los diferentes espacios que vamos recorriendo. A veces esta flor se enmarca en hechos que permiten reconocerla. Es lo que le sucedió a Paul Gauguin.

Hasta el momento en que Paul Gauguin reconoce su propio don artístico, su vida es como la de cualquier joven que busca abrirse camino en la vida condicionado por las coyunturas familiares y de su entorno. A los pocos meses de nacer (Paris, 1848) y debido a la inestabilidad política que reina en Francia su familia decide embarcarse rumbo a Perú de donde es originaria su abuela materna (Flora Tristán). En la travesía durante el cruce del estrecho de Magallanes Paul pierde a su padre. Junto a su madre y en un ambiente elitista de la sociedad peruana no solo vivirá sus primeros seis años, sino que también entrará en contacto con la manifestación cultural de dos formas de vivir que confluyen: la primitiva precolombina y  la refinada europea de la antigua colonia española. De regreso a Francia es internado en un colegio católico para realizar sus estudios y a la edad de 14 años comienza su formación naval. Es asistente de piloto en sus primeros pasos en la marina mercante y de ésta pasa a enrolarse en la marina francesa donde pasa años surcando los mares. Estando en la India en uno de sus viajes muere su madre. Paul tiene 19 años. Su vida parece encauzada.

Corre el año 1871, Paul cuenta con 23 años cuando regresa a su ciudad natal y acepta el trabajo que le ofrece el novio/amante de su fallecida madre como Agente en la Bolsa de Paris. Atrás quedan años de dura y peregrina faena marinera. Su nuevo trabajo le reporta cuantiosos ingresos y una vida acomodada en el Paris burgués, además de un gran amigo: Émile Schuffenecker amante de la pintura. Su vocación por la pintura empieza a despertar, su don para los pinceles a emerger. Paul Gauguin comienza a pintar por afición. Por esos tiempos (1873) se casa con la danesa Mette-Sophie Gad con quien tendrá cinco hijos, al del medio le bautizaran con el nombre de Emile. Lleva una vida acomodada en la que la afición por la pintura va aumentando; comienza a codearse con los artistas del momento. En una visita a una galería al contemplar el cuadro “Olympia” de Eduard Manet se sintió alcanzado por un rayo. Supo que Dios le había tocado. Que era un pincel y solo quería pintar. Gaugin es ganado para la pintura. Sigue trabajando en la Bolsa de Paris y pinta. Pinta y oculta a su mujer su vocación sabedora que no aceptaría un cambio en su vida estable. Exhibe algún cuadro en una exposición colectiva amateur en la que se presenta Manet. El cree estar ante un gran genio pero para su sorpresa es el genio quien le elogia. Gauguin vive en medio de dos grandes fuerzas que tiran de él en sentidos contrarios, su vocación y su trabajo en la Bolsa, el llevar una vida dedicada a la pintura y el de proveer de una vida burguesa confortable a su familia. Son once años en los que vive en esta tensión constante, once años que terminan cuando la Bolsa de Paris se derrumba (1882) y lleva a Paul Gauguin a la ruina. Es la oportunidad para dedicarse por completo a la pintura. La familia se traslada a vivir a Copenhague donde vivirán del trabajo de Mette-Sophie como profesora de francés. Sus cuadros no tienen aceptación, apenas obtiene algún ingreso por su obra pictórica, lo que será una constante en su vida de artista. Una vez más a los once años, esta vez de casados, se separa de su mujer. Los valores compartidos que dieron lugar al matrimonio han sido traicionados pero Paul se siente fiel a si mismo. Tiene 37 años cuando regresa a Paris junto al menor de sus hijos, Clovis, al que deja al cuidado de su hermana.

Gaugin se traslada a vivir a la colonia de artistas de Pont Aven, en Bretaña. Allí puede permitirse pintar en un ambiente relajado a pesar del marco de estrechez económica en que se encuentra.  Conoce a Laval con quien emprenderá un viaje a Martinica y Panamá. A su regreso a Pont-Aven experimenta el contraste entre el color y lo primitivo de las tierras antillanas con el arte pictórico imitativo, repetitivo y poco simbólico de la vieja Europa. Decepcionado por el movimiento artístico que tiene lugar en Francia acepta la invitación de ese genio loco que es Van Gogh para instalarse en su casa de Arles en la Provenza. Juntos leen un libro que les deslumbra “Rarahu: el matrimonio de Loti” (de Pierre Loti). Paul vislumbra que el paraíso soñado, anhelado, se localiza en la Polinesia. Está decidido a marcharse a Tahití, la relación con Van Gogh se tensa y ocurre el famoso suceso por el cual el artista holandés se corta la oreja con una cuchilla de afeitar. Tomada la decisión tiene la fortuna de vender alguno de sus cuadros lo que le permitirá costearse el viaje y visitar por última vez a su familia en Copenhague. Próximo a cumplir los 43 años, en abril de 1891, se embarca rumbo al paraíso de la Polinesia, el escenario natural y salvaje donde pintará sus mejores obras, las coloridas escenas maorís. En el paraíso de estas islas del pacifico sur, Paul, que adoptará el nombre de Koke, saca y da rienda suelta a su bestia interior, su genio, su instinto, su talento artístico. Su vida salvaje y desafiante le enfrenta al mundo domesticado que los franceses están introduciendo en las colonias. Vive cada vez más aislado, casado con una maorí, internándose en la cultura nativa y en una situación económica deprimente. Su arte sigue sin ser reconocido. Cuando considera que Papette está occidentalizado, se retira aún más y marcha a las islas Marquesas donde pintará su última obra maestra y morirá a la edad de 54 años rodeado de unos pocos amigos, con el cuerpo severamente castigado por el abandono, el alcohol y la enfermedad innombrable, la sífilis. A su muerte Gaugin obtuvo el reconocimiento que no logró en vida, el valor de su obra se disparó. Había nacido adelantado al mundo, un mundo que necesitaba de nuevas luces y colores, de nuevos valores que animaban e infundían alma a sus cuadros gracias a su magistral talento.

Esta es en síntesis la historia de la vida de Gaugin, una historia en el que hay un momento cumbre, ese en el que contemplando la Olympia de E. Manet su talento y su labor en el mundo se revela con toda intensidad, como una fuerza que no puede dominar, que acepta y se deja guiar y conducir por ella. El talento ha emergido, lo reconoce y lo abraza. Gaugin ha reconocido su propia naturaleza y su alma desvestida gracias a ese cuadro que escandalizó y revolucionó el desnudo en la pintura europea. Olympia mostraba el alma de la naturaleza femenina, la diosa y la prostituta, y reflejaba la naturaleza esencial de Gauguin: su carácter salvaje sin tapujos, su aspiración a vivir sin prejuicios, su amor por la pintura, por la belleza femenina. Siempre llevó una foto de este cuadro consigo y de alguna forma creó su propia Olympia en su obra “Manao tupapau” (El espíritu de los muertos vela), cuadro sobre el que advertiría por carta a su mujer danesa que no lo comprendería pues para la mujer tahitiana el desnudo físico y la sexualidad tenían unas connotaciones naturales y que su desnudo muestra el alma. Desnudar al mundo de sus prejuicios, liberar su alma fue el camino de este artista en el mundo y lo hizo a través del colorido y luminoso pincel de su talento. Una misión poco rentable económicamente en su tiempo pero que generaría grandes intereses a su muerte. El mundo necesitaba nuevas luces y estás iban a brillar a través de su talento, ese que se le mostró arrebatadoramente contemplando la Olympia de Manet.

PD: algunas otras sincronías que hacen brillar la historia de Paul Gauguin, al tiempo que expresan su fidelidad a su talento y su obra, a su camino en el mundo: 

  • Olympia no solo fue el cuadro preferido del propio Manet, obra que nunca puso a la venta, en el que una famosa prostituta del Paris de mediados del XIX sirvió como modelo; Olympia (Maleszewska), también fue el nombre de la amante de su abuela la agitadora social Flora Tristán.
  • Emile no solo fue el nombre del fiel amigo con quien Paul dio sus primeros pasos en el camino de su talento, sino el nombre que dió a dos de sus hijos, uno tenido con la danesa Mette-Sophie y que fue uno de los grandes defensores y valedores de la obra pictórica de su padre, y Émile Marae a Tau que tuvo con la tahitiana Tehura. 
  • En las Islas Marquesas hizo amistad con un maorí que estaría presente en sus últimos momentos. Como prueba de su amistad y siguiendo una ancestral costumbre unieron sus nombres respectivos sin renunciar al propio. Así Paul, Koke en la Polinesia, pasó a llamarse Koke-Tioka y su amigo Tioka-Koke. Una analogía de unir y conciliar los dos mundos en que Paul se debatía. 

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jueves, 9 de febrero de 2017

Historias con Talento: Yuri Kukláchev

Para la realización de su obra, el talento que nos ha sido otorgado ha de seguir su propio camino estratégico, en el cual hay momentos de prueba para colocarnos debidamente en la posición que nos va a permitir avanzar. Estas circunstancias a veces incomprensibles, a veces tan duras y difíciles que no desearíamos que se hubiesen presentado en nuestras vidas, son, sin embargo, necesarias y las más propicias para congraciarnos y encontrarnos con el talento y nuestro lugar en el mundo. No todo es elección de uno mismo en la vida, las condiciones vienen dadas y hemos de afrontarlas para hacer aflorar nuestro talento. Bien lo dejó expresado Ortega y Gasset en su célebre frase “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. El talento como la rosa tiene sus convenientes espinas antes de florecer. La historia de Yuri Kukláchev es bien ilustrativa de ello.

Quizás este nombre no le diga a nada, a menos que usted sea ruso, aficionado al circo o a los gatos. Supe del Teatro de los Gatos de Moscú leyendo una de las últimas obras de Fernando Sánchez-Dragó y poco después me encontré con una entrevista a su fundador Yuri Kukláchev en la que relata su Camino del Corazón. La siguiente historia llena de vida tiene sus propias espinas, es “un camino duro en el que siempre obedecí los dictados del corazón” como reveló el payaso ruso, sin maquillaje, en una de sus Lecciones de Bondad dirigidas a menores recluidos en centros de internamiento.

El payaso aún se acuerda de cuando teniendo siete años un tío suyo le preguntó "Yuri, dime ¿para qué has venido a este mundo?". “Con el fin de vivir” le respondió. "Es comprensible. Pero, ¿quién quieres ser?” volvió a preguntarle. El niño no sabía. Y el tío le propuso "Piense que usted se convierte en la vida". El pequeño Yuri no durmió aquella noche probándose, jugó mentalmente con ejercer diferentes profesiones pero no dio con la respuesta que encajaba con el molde que le llenaba de vida y pasó largo tiempo pensando en ello. No encontraba una respuesta a esta cuestión que llegó a obsesionarle como si de una pesadilla se tratara. Como recuerda, aquella situación le hizo tomar conciencia de que “no había de vivir en vano”. 

Un día su padre apareció en casa con un televisor. Al encenderlo estaba Charlie Chaplin en la pantalla. ¡Le gustó tanto! Se reía tanto que en algún momento, se levantó y comenzó a hacer el payaso. Escuchó risas a su alrededor y sintió la calidez de esa risa. Estaba tan feliz que dijo: "¡Lo encontré! ¡Lo he encontrado! ". Se había dado cuenta por sí mismo de lo que iba a hacer en la vida, “había encontrado el negocio que le era agradable a su corazón”. Tenía ocho años de edad cuando supo que en el residía la “¡voluntad de payaso!” A partir de ese momento supo cuál era su misión y tenía que ejecutarla.

Reflexiona y dice “todos venimos a este mundo para cumplir su misión. Todos hemos sido elegidos para una misión que nos conduce a encontrar el propio don y nos da la oportunidad de encontrar un trabajo en beneficio de las personas”. Yo tuve la suerte de encontrarlo pero eso no quiere decir que todo fuera a ser simple y fácil a partir de ahí. Amaba ser payaso, tenía el don, pero esa promesa que residía en él había de crecer hasta madurar y dar frutos. Él era el amo de sí mismo y se puso a ello.

Aspiró a entrar en la escuela del circo, lo intentó varias veces sin ser aceptado. Las oportunidades, hasta siete, pasaban. Sabía que era un payaso. “¿Qué tipo de payaso?” me preguntaban y se reían de mí en la cara. No lo sabía. Llevaba cuatro años pretendiendo ser admitido en la escuela circense y cada intento fallido era una humillación. Estaba deprimido. No tomaba alcohol pero tal era es mi estado de abandono que un día mi padre me lanza: "Qué hijo, ¿bebiste?", "No papá, es que no tengo a nadie en quien confiar.", entonces me dijo "estás equivocado. Conozco a un hombre que cree en ti. Soy yo, tu padre”. Y me salvó. Me di cuenta de que el deseo de convertirme en un payaso era tan grande que nadie lo podía romper, estaba tan seguro de mí mismo que supe que no había poder más grande que el que tengo dentro. Supliqué al universo que me ayudara. Creo que cada fibra de mi cuerpo envió este mensaje: "¡Señor, ayúdame a realizar mi sueño! ¡Ayúdame a ser quien soy!” Y sólo dos días después me encontré en el autobús con una niña que entrenaba en el circo nacional. Ella no sabía de mi afición pero aquella conversación casual en el transporte público me dirigió hacia mi espacio. Ella me llevó al gimnasio donde practicaba, había de todo: trapecio, esteras, malabares, trampolines, alambre,…. Pensé, “gracias a Dios, tengo todo lo que debería tener”. En silencio y con persistencia comencé a practicar, a trabajar día tras día. A los 16 años gané el concurso de aficionados dedicado a los 50 años de poder soviético, convirtiéndome en el primer payaso de la Unión Soviética. Fue así como conseguí entrar en la escuela de circo. 

Parecía que todas las dificultades habían quedado atrás. Pero no fue así, aún le esperaba una prueba mayor. Había ingresado en la Escuela de Circo y al poco tiempo caí en la formación del banco rompiéndome la pierna. El nervio tibial se había cortado y los médicos me hicieron saber que era probable que se mantendría sin sensibilidad de por vida. Me operaron y me aconsejaron que esperara pacientemente, “si la pierna empieza a doler, a continuación, el nervio se restaurará. En caso contrario la pierna quedará desactivada". Vino el dolor, un dolor punzante y agudo, constante. Era terrible, comenzaba en el pie y se expandía a lo largo del cuerpo hasta el cuello ahogándome. Me prescribieron morfina y la droga comenzó a apuñalar día tras día a ese joven de dieciséis años que era. Dependía de ella, bastan tres inyecciones para crear la adicción y me habían prescrito quince. Un día mi madre se asustó "Hijo, ¿qué te ocurre? ¿Qué están haciendo aquí contigo " Al saber que era la morfina, me dijo:" ¿No querías ser un artista? ¡Así nunca lo vas a ser! Te vas a convertir en un don nadie, esto no te llevará a ninguna parte". Se fue llorando del hospital. “Llegó la noche. Las enfermeras vinieron a ponerme otra dosis de la droga y me negué. El dolor se intensificó, me ardía todo el cuerpo, no podía respirar. Fue una noche espantosa, de horror. A las seis de la mañana, sólo, me quedé dormido. Pero esa noche me ganó para el propósito que tenía en la vida. No había otra manera de convertirse en un artista”. Regresé a la Escuela del Circo con muletas y no querían allí una persona con discapacidad. El director de la escuela recibió una solicitud pidiendo mi expulsión tras lo cual reunió una Comisión y me hizo llamar. Me enseñó el documento. “Solo quiero aprender, no quiero que gobiernen mi vida” reclamé y delante de quienes habían exigido mi expulsión el director rompió la solicitud diciendo “mientras yo esté aquí, este niño va a aprender. Él tiene un corazón de payaso” Gracias a él, me gradué.

Era un payaso, era el mismo payaso que todos los demás, el payaso habitual que sabía todos los géneros y que puede encontrarse en cualquier parte. Nada especial. Esa no era la orientación que sentía debía dar a su trabajo. ¿Cuál era entonces? No lo sabía y no daba con ella, estaba otra vez perdido. La vida puso en su camino un gatito desgraciado, flaco, mojado y ciego que clamaba lastimosamente. Lo encontré en la calle, lo llevé a casa, le alimenté, lavé y cuidé. El me ayudó a encontrarme conmigo mismo. ¡Claro! pensé, ¡nadie en el mundo tenía un número con gatos, nadie sabía cómo entrenarlos! Se puso manos a la obra y como todos antes de él no conseguía domesticar al indómito felino. A pesar de su terquedad no logró adiestrar al gato, la voluntad de un gato no se puede doblegar. Entonces me di cuenta que yo no era un gato y empecé a entrenarme a mí mismo, buscando lo que más le gustaba al minino. Un día, al llegar a casa, el gato había desaparecido. Busqué por toda la casa. No aparecía. Seguí buscando por la cocina, lo mismo; entonces el gato tiró la tapa de la olla y allí dentro estaba. Fue cuando me di cuenta ¡Eso era todo! ¡Ahí estaba mi número! Así nació el “gato y el cocinero” el número con el que recorrió el mundo entero y recibió todos los premios de mundo circense (y que puedes ver en el vídeo al final de este post). La clave no era amaestrar gatos sino permitirles jugar para descubrir el talento único de cada minino y hacer un número a la medida de cada uno de ellos.

Yuri decidió abandonar el circo y crear su propio teatro. ¡Un teatro de gatos! Tenía la idea clara pero el tiempo pasaba y seguía sin un espacio donde llevarlo a cabo. Corría el año 1990 y desde los Estados Unidos le enviaron un contrato para establecerse allí. Insistían pero él no quería abandonar Rusia. La situación se convirtió en desesperada, todo iba camino de perderse. Hasta que un día en la cama escuchó la voz interior del sueño que le despertó:

- ¿Qué te miente? ¿Qué te pierde?  ¡Obtener las cosas rápidamente y correr! 
- En caso de correr ¿A dónde? Al Ayuntamiento de Moscú. 
- ¿Por qué al Ayuntamiento de Moscú? No quiera saber y vaya. ¡El tiempo se acaba!

Me levanté, cogí el coche y me fui directo al Ayuntamiento de Moscú. Entré en el edificio e inmediatamente me topé con el alcalde. "¡Hola!, le dije. Necesito ayuda. Me ha llegado un contrato para trabajar en Estados Unidos. Si acepto, no regreso. Mis hijos aprenderán allí, seré propietario de una casa y la economía me irá bien. Pero yo quiero estar aquí. Por el amor de Dios, deme una habitación en la que hacer mi teatro de los gatos". Y de repente dijo a uno de sus subordinados "Sí, le das una sala de cine." Y así fue, sin sobornar con chocolates, champán, sin rublos de por medio, me dieron un espacio de 2000 metros cuadrados en el centro de Moscú. Y el Teatro de los gatos comenzó a funcionar de esto ya hace 25 años, apoyado por gente buena. Incluso el banco me ayudó a obtener la licencia.

Yuri Kukláchev termina su “lección de bondad” haciendo hincapié en que es importante que cada uno de nosotros nos encontremos a nosotros mismos, que cada uno entienda su misión y la viva honestamente. "El secreto es escuchar tu corazón pero no espere que todo vaya a ser fácil. En algunos momentos va a ser incómodo y muy duro pero si no fuese así nada se te daría". La estrategia del talento siempre florece, como una bella flor, como una rosa con espinas. Sin embargo quienes abandonan la promesa que albergan y toman como suyos derroteros que no les corresponden acaban creciendo con espinas sin llegar a florecer.  

Al hilo del hermoso relato del talento del payaso ruso Yuri Kukláchev, de esta gran historia de vivir basada en el talento y el rencuentro con uno mismo para avanzar en el desarrollo y realización del sueño que somos, viene a mi memoria el momento en el que paseando por las sendas de la Sierra de Guadarrama Ortega tuvo la claridad que dejó plasmada en su famosa frase y que con otras palabras recoge el poema del Premio Nobel de Literatura Imre Kertesz:

 “No olvides el sueño que te ha hecho nacer,
no olvides la promesa que alberga esta vida,
no olvides que esta promesa plantea condiciones,
es más que debes buscar el cumplimiento de la promesa únicamente en el cumplimiento de las condiciones”  

Y revivo la memoria de muchos que en su viaje interior se acercaron a Arqueología del Talento para rencontrarse con su don, su misión y superar las pruebas que enfrentan en el camino escuchando la voz de su corazón en el sueño hipnótico. Todos ellos son un guion de vida único, útil y emocionante,  una maravillosa promesa en curso de realización que florecerá a pesar de las espinas que crezcan en el camino. 

lunes, 23 de enero de 2017

Historias con Talento: Srinivasa Ramanujan

El talento, en el alcance de su propósito, parece recorrer un camino de adversidades, contrariedades e incomprensiones; incluso llega a enfrentar la paradoja de negar la misma vida pero todo no es más que una ilusión. La sorprendente historia del matemático autodidacta Srinivasa Ramanujan es un claro ejemplo de que la ruta del talento es nuestro camino apropiado. 

Ramanujan nació en una familia de brahmanes en Madrás a finales del siglo XIX. Creció muy apegado a su madre y su debilidad física le hizo padecer continuos problemas de salud durante su corta pero fecunda vida.  En su niñez rehuía asistir a la escuela hasta el punto que la familia le puso un policía para asegurarse de asistencia.  Fue a los diez años cuando entró en contacto con la matemática cuyo lenguaje parecía ser el suyo propio, mostrando una especial inclinación hacia la geometría y las series infinitas. A los trece años ya descubría teoremas sofisticados por su cuenta. A los dieciséis sus compañeros decían de él que raramente le comprendían. Se dedicaba por su cuenta a investigar los números de Euler y otras cuestiones en las que estaba tan ensimismado que habiendo recibido una beca para seguir sus estudios la perdió por no tramitarla. Las matemáticas le absorbían día y noche, y de nuevo perdió la oportunidad de adquirir una educación formal al no superar las pruebas de acceso a la universidad al relegar el conocimiento de otras materias. Ramanujan poseído por su talento siguió su camino particular que le condujo a vivir en un estado de pobreza rayana a la inanición. Solo las matemáticas parecían alimentar su solitaria e incomprendida existencia.

Teniendo 22 años su madre le organiza una boda. Su nueva situación le obliga a buscar un trabajo remunerado para mantener a su mujer pero la fortuna parece esquivarle. La pobreza y su débil salud se agudizan. Temiendo por su vida y sintiendo que su investigación no puede irse a la tumba con él, hace llegar sus cuadernos (el conocido cuaderno de Ramanujan) a diversos profesores de matemáticas a través de un amigo. Todo parece ir en su contra. Ni su investigación matemática es reconocida, ni su búsqueda laboral rinde frutos. Recupera sus cuadernos que se los presenta al funcionario Ramaswamy Aiyer como aval para obtener un empleo. Este funcionario que ha fundado la Sociedad Matemática de la India reconoce su extraordinario talento matemático al examinarlos. Por fin alguien parece comprenderle y apoyarle, alguien que no está dispuesto moralmente a ahogar semejante genio en los peldaños más bajos de una oficina administrativa y que comienza a presentar su investigación a diversos matemáticos indios.   

El brillante talento de Ramanujan parece haber encontrado una vía para abrirse camino en la comunidad matemática pero no todos creen en su integridad intelectual. La demostración de la autoría y la veracidad de sus enunciados van a ser una constante en su vida. El Secretario de la Sociedad Matemática de la India, Ramachandra Rao, duda que el magnífico trabajo del joven matemático sea original y envía su investigación a un notable matemático de Bombay, el profesor Saldhana, quien si bien no ha llegado a comprenderla, manifiesta que el autor por ello mismo no puede ser un farsante. Rao sigue dudando de Ramanujan hasta que asiste a una exposición de éste sobre series divergentes y ante su brillantez queda convencido que está ante un genio procurándole recursos financieros para proseguir sus investigaciones. Ramanujan comienza a publicar en la Diario de la Sociedad Matemática India pero su lenguaje tan brillante como escueto es inasequible a sus lectores. Su excepcional talento parecía aislarle de los mortales.

Acuciado por los problemas económicos sigue buscando trabajo. Por fin lo consigue en el departamento de contabilidad del Puerto de Madrás avalado por el profesor de matemáticas Middlemast quien le describe como un joven de capacidad excepcional en matemáticas. Ramanujan cumple con su trabajo con facilidad y rápidamente lo que le permite seguir su investigación matemática en la que es animado por su jefe, Sir Francis Spring, y su colega y tesorero de la Sociedad Matemática de la India, Narayana Iyer. Ambos junto con Rao comienzan a presentar el trabajo de Ramanujan que entonces cuenta 25 años a los matemáticos de la metrópoli británica.

Los primeros profesores británicos devuelven los escritos de Ramanujan sin comentarios. El profesor Hill del University College of London aprecia en el joven matemático indio un cierto gusto y habilidad por las matemáticas pero su trabajo está lleno de agujeros al carecer de la formación académica y los fundamentos necesarios para ser aceptado por la Comunidad Matemática, prestándose a darle asesoramiento para el desarrollo formal de su investigación. Cuando el profesor Hardy del Trinity College of Cambridge comienza a leer el manuscrito que le envía Ramanujan se debate entre sí está ante un fraude o ante unos teoremas difíciles de creer. Hardy prosigue su lectura, queda impresionado por el trabajo sobre series infinitas y finalmente al estudiar los teoremas sobre fracciones continuas expresó “que le habían derrotado. Que nunca en absoluto había visto algo parecido”. Ante su hallazgo Hardy pasa el manuscrito a su colega J. E. Littlewood quien también queda sorprendido por la capacidad excepcional y originalidad del joven matemático indio. Bertrand Rusell llega a decir que sus colegas del Trinity creían haber descubierto al nuevo Newton.

Ramanujan recibe una carta de Hardy en la que le manifiesta su interés por su trabajo al tiempo que le comunica que es "esencial que yo vea pruebas de algunas de sus afirmaciones" invitándole a viajar a Cambridge. Su talento es ya reconocido pero ha de demostrar sus proposiciones algo que le supone una molestia pues implica desviarse de su natural forma de hacer en el curso de sus investigaciones. Ramanujan le contesta diciéndole que “he encontrado un amigo que ve mi trabajo con simpatía” pero se niega a viajar pues como brahmán no puede abandonar su tierra y cruzar los mares. Las barreras culturales mantienen confinado al prolífico matemático hasta que su madre, a la que está muy apegado, tiene un sueño vívido en el que la diosa de la familia, Namagiri Thayar, le ordena que "no prolongue por más tiempo la separación entre su hijo y el cumplimiento del propósito de su vida". Ramanujan se embarca rumbo a la metrópoli en marzo de 1914.

A su llegada a Cambridge, el joven matemático indio causa una honda impresión. Hardy y Litllewood comentan que “solo se le puede comparar con Jacobi o Euler”. Es el inicio de una extraordinaria, fecunda y también estresante colaboración que durará cinco años, de un relación entre dos culturas, la occidental representada por el inglés Hardy, ateo y matemático riguroso, y la oriental, intuitiva y religiosa por el matemático indio. Hardy se sorprendía de la capacidad prolífica de Ramanujan y de su resistencia a probar sus enunciados algo que era necesario para ser admitido en los círculos académicos. Nunca una demostración, nunca una explicación, solo cientos de fórmulas que enunciaba a borbotones y que, con el correr de los años, han resultado ser casi todas ellas ciertas. Ramanujan no concebía la matemática como una profesión sino como una revelación de inspiración divina. «Una ecuación para mí no tiene sentido, a menos que represente un pensamiento de Dios» le dijo a Hardy quien no comprendía la fuente de tal prodigio de enunciados matemáticos. Srinivasa Ramanujan parecía tener un acuerdo con los dioses; lo importante no era la estructura, sino la revelación. Los pensamientos de Dios le eran expresados a través del lenguaje matemático, de ahí la belleza y originalidad de su obra. Fueron cinco años de estancia en Cambridge en los que padeció graves problemas de salud, al cabo de los cuales fue finalmente fue admitido como miembro del Trinity College (el primer indio en alcanzarlo) y de la Royal Society por su investigación en funciones elípticas y en la Teoría de los números. Enfermo de tuberculosis, regresó a la India donde murió al poco de llegar en 1920 con 32 años de edad habiendo cumplido el propósito de su vida, ese en el que las estructuras matemáticas de los números se le revelaban para que fueran posibles muchos de los avances del siglo XX.   

La vida de Ramanujan es un ejemplo claro de la dedicación del talento al servicio para el que fue concebido; de ser fieles a un Don y a un camino no elegido, de un talento y un propósito que nos son dados por la naturaleza, que están inscritos en nuestra individualidad al nacer y constituyen la esencia de nuestra razón de ser en el mundo; de una labor que trasciende el trabajo como forma de supervivencia y la búsqueda de honores, fama y popularidad. Y justo por ello la vida de Srinivasa Ramanujan ha sido útil, ha merecido la pena y pasado a la historia universal como la de un genio prodigioso de las matemáticas. ¿Quieres que tu vida merezca la pena y cobre sentido? ¿Quieres saber cuál es tu Don y tu Camino? Arqueología del Talento es una original metodología para que se revelen en ti tu singular talento y propósito de vida en el trance hipnótico. Arqueología del Talento 15 años reconduciendo las historias de vida desde el talento.

P.D.: Un par de anécdotas sobre el genio de Ramanujan:

- El número 1729 se conoce como el número de Hardy-Ramanujan por el siguiente suceso contado por el propio Hardy: “Recuerdo una vez que fui a verle (a Ramanujan) cuando estaba enfermo en Putney (hospital). Había viajado en el taxi número 1729 y remarqué que me parecía un número intrascendente, y esperaba de él que no hiciera sino un gesto desdeñoso. "No", me respondió, "es un número muy interesante; es el número más pequeño expresable como la suma de dos cubos de dos maneras diferentes". En efecto: 13 + 123 = 93 + 103 = 1.729


- El film “El indomable Will Hunting” está inspirado en la figura del joven matemático indio Srinivasa Ramanujan.

jueves, 5 de enero de 2017

Historias con Talento: Oleg Tselkov

En una reciente entrevista al inconformista pintor Oleg Tselkov le preguntaron que si fuera posible viajar atrás en el tiempo ¿cambiaría algo? “No es necesario cambiar. Como vive la gente es como estaba escrito en el destino”. Pudiera parecer paradójica esta respuesta en quien buscaba desde joven la libertad, en quien en su juventud fuera expulsado por sus ideas de varios centros académicos para jóvenes talentosos de la Unión Soviética, en quien fuera requerido y recibiera en su pequeño apartamento moscovita a toda la inteligencia artística de los 50/60 como Joseph Brodski, Arthur Muller, Anna Akhmatova, Evgeny Yevtushenko, Renato Guttuso entre otros, en quien su obra pictórica no fuese expuesta al público por ser considerada innovadora por las autoridades soviéticas. El renovador pintor abandonó la URSS en 1977 y se instaló en su exilio en Francia siguiendo su destino de libertad. ¿Es la libertad el destino? ¿Se elige el destino? ¿Dónde queda el libre albedrío?

En la misma entrevista Oleg Tselkov resuelve la paradoja de una forma sencilla y clara cuando le preguntan ¿Es necesario trabajar duro para que un artista sea fructífero? A lo que responde “que una persona con las piernas torcidas no debería jugar al baloncesto”. Y prosigue “Es muy simple. Ser artista es una cosa divertida. Con esto, es necesario nacer. ¡Es imposible hacer para que aparezca! No hay profesores que lo enseñen. Es innato. De Dios. Hay un dicho: "El artista es en sí nada elige, si él es un artista." Y si él elige para llegar a serlo, fue allí a aprender pero no es un artista. Una y otra vez será un artista falso. ¡El artista no elige! Dios le obliga a hacer su propia obra, en lugar de un deseo de hacer dinero”. Lo dice Oleg Tselkov que a sus más de 80 años vive humildemente aun siendo uno de los pintores vivos más cotizados.

El talento es un regalo, un don con el que cumplir con el destino. Ambos vienen dados y han sido elegidos para nosotros por el Creador. La libertad de vivir pasa por ser fieles a ellos. Quizás sea esta la cuestión del libre albedrío si aceptar quienes somos en el orden de la creación o elegir un camino que no se adapta a nuestros dones.


Arqueología del Talento© es una exploración en el trance hipnótico para el descubrimiento de los dones personales y el reconocimiento del camino que nos otorga la libertad en este mundo. Para más información y próximos seminarios pulse AQUÍ.

sábado, 10 de diciembre de 2016

EL CAMINO DE LA ECONOMIA DEL TALENTO

De manera semejante a como se confunde economía con negocios, se confunde trabajo con empleo, talento con conocimientos y experiencia adquirida, y la carrera profesional con el camino que nos conviene en la vida. De alguna forma las necesidades de la población y la organización de recursos de las que hace uso la sociedad para satisfacerlas han ido estableciendo una sugerente asociación de palabras, un desarrollo del lenguaje que estructura significados y da vida a la cultura, un proceso hipnótico del que no nos damos cuenta pero que influye en nuestro enfoque de la realidad y nuestras posibilidades de intervención en ella. ¿Qué sucede cuando la sociedad ha conseguido cubrir las necesidades para las que se desarrolló una cultura especifica? Que las necesidades han cambiado, las formas de proceder antiguas pierden su validez y al mismo tiempo seguimos prisioneros de esquemas mentales que no nos permiten vislumbrar más allá. El lenguaje y el valor de las palabras como viene siendo usado se muestra insuficiente para crear una nueva realidad. Existe falta de futuro hasta que despertemos del trance hipnótico en el que nos ha sumido la cultura ¿Se preguntará el lector que tiene que ver esto con la economía? La respuesta es sencilla aunque no obvia: la economía no es más que la gestión y administración de valores, justamente esos intangibles que expresamos a través del lenguaje y que residen en nuestro inconsciente. 

Las paradojas de la vida siempre se muestran en cómo hacemos uso del lenguaje. Cuando se dice no hay trabajo, no es que no haya trabajo que es un recurso abundante pues es inherente a toda persona, es que hay escasez de fórmulas capaces de convertir el rendimiento del trabajo en ingresos suficientes para vivir de acuerdo a las expectativas creadas. Esto es lo que consideramos empleo, bien sea en sus variantes de autoempleo o de forma asalariada. Desde esta panorámica, el empleo asociado a una expectativa de vivir se convierte en un codiciado fin. Y en el logro de este fin la población compite adquiriendo conocimientos o certificados de títulos y experiencia, algo que las empresas vienen revistiendo con la elegancia de la palabra talento. Si el talento es la fórmula por excelencia de la productividad, hace fácil y con soltura lo que a otros les cuesta, ¿cómo es que es escasamente remunerado? Y es que el talento poco tiene que ver con la maestría alcanzada por el esfuerzo y mucho que ver con ese patrón innato y único de la organización de la capacidad humana en cada individuo, singularizándole y haciéndole un maestro en el hacer de determinadas funciones desde su nacimiento. El talento es en sí mismo económico por naturaleza (rinde mucho, cuesta poco y se mantiene motivado intrínsecamente en su quehacer) y es un regalo poco requerido en la organización humana salvo para determinados puestos y equipos que marcan la diferencia. Esa distinción funcional que emerge desde el talento no solo especializa al sujeto de forma natural sino que marca y pone rumbo a su camino en la vida asignando a cada individuo su espacio natural en la sociedad humana, ese donde es competente ofreciendo un servicio útil para cubrir las necesidades de sus semejantes. Bien lo exponía Santa Teresa en Las Moradas: “es mucho atrevimiento que quiera escoger yo camino, sin saber el que conviene más, sino dejar al Señor que me conoce que me lleve por el que me conviene, para que todo haga su voluntad”. De aquí que la economía parte de los dones recibidos y el uso que hacemos de ellos. Recuérdese la rentabilidad de esta economía del talento en la parábola de los talentos que nos habla de los frutos que rinden si invertimos en ellos: al que tiene se le dará y al que lo entierre se le quitará. Y medite el lector sobre su aplicación a los tiempos que corren. ¿Qué hace esta organización económica con los dones de su población? La economía no es un negocio, que es la negación del ocio, sino ocio y gozo del regalo de la vida. Un regalo que disfrutan aquellos que profesan su vocación, ese camino al que nos abre el talento. Invirtiendo en el camino de la vocación nos proporcionamos la mejor vida a la que podemos aspirar y contribuimos a hacer de este mundo un lugar más agradable y mejor en el que vivir, desligados de envidias y esas ansias de reconocimiento que tanto abundan.

Mal negocio en la vida es invertir nuestros esfuerzos y nuestra carrera profesional en unas expectativas que no son las nuestras. Mal negocio es adquirir títulos, certificados, conocimientos y experiencias con el único fin de hacer de la vida un negocio rentable en términos monetarios. Siguiendo esta ruta nos olvidamos que la mejor economía es la que nos ofrece nuestra propia naturaleza: la del talento, el valor más escaso y útil de cuantos existen. Ya decía Albert Einstein “que lo importante no es conocer el mundo, sino encontrar nuestro camino en él”. Y esto es posible cuando se comienza a escucharse a uno mismo, a conocerse y a despertar al trance colectivo en que nos mantiene la cultura. Cuando esto ocurre el lenguaje utilizado va variando y vamos abriéndonos a las posibilidades de crear una realidad distinta acorde a nuestras necesidades y a las de quienes comparten el regalo de la vida a nuestro alrededor. El futuro es posible y se irá creando a si mismo siguiendo cada cual su propio camino, ese que corresponde al talento propio, íntimo y natural. Todos tenemos cabida en este mundo. Hay una frase del Lao Tse en el Tao Te King que me encanta, y nos pone en contacto con la magia de la creación y la vida a través del talento: 

“Cuando tu encuentres el camino 
Otros te encontrarán a ti. 
Al pasar por el camino 
Serán atraídos hasta tu puerta 
Y el camino que no puede oírse 
Resonará en tu voz 
Y el camino que no puede verse 
Se reflejará en tus ojos”  

Existen muchas vías de autoconocimiento para encontrar el camino propio y tomar conciencia de los dones que portamos, pero hay una que te va a sorprender basada en el lenguaje de la hipnosis y los sueños. ¿Qué mejor manera de desenmascarar la paradoja de la existencia que allí donde creamos nuestra realidad sin darnos cuenta? En Arqueologíadel Talento y la Academia de Hipnosis & Sueños ponemos nuestro talento y vocación al servicio de la economía del talento, de la creación del futuro, ese que se construye entre todos desde los valores intangibles.